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Rescatar al río Fucha: la misión de un colegio público en San Cristóbal

Rescatar al río Fucha: la misión de un colegio público en San Cristóbal

En un trabajo en equipo que reúne estudiantes, maestros, vecinos y activistas, el colegio José Félix Restrepo lidera una cruzada para salvar uno de los más contaminados cuerpos de agua que recorren la capital. Es su apuesta por la paz, el reencuentro y la reconciliación en Bogotá, por la que ya han sido premiados y reconocidos.

En esta institución pública de San Cristóbal están convencidos de que la construcción de la paz también se trata de pequeñas acciones que transformen y beneficien a las comunidades. Así surgió su proyecto ‘Ecologismo Colectivo Ambiental’, con el que niñas, niños y jóvenes se comprometieron a salvar y proteger la ronda del río Fucha.

Una tarea aparentemente pequeña, pero que ha logrado cambiarles la cara a varios barrios, unir a sus comunidades y recibir premios y reconocimientos en los ámbitos nacional e internacional.

Porque, como cuenta Hammes Garavito, el maestro que lidera esta iniciativa en el colegio José Félix Restrepo, de vocación 100% ambientalista, los días en que los vecinos utilizaban el río y sus alrededores como depósito de basura y desperdicios quedaron atrás.

“La primera vez que hicimos una intervención en el río Fucha, recogimos 3.4 toneladas de basura. Hoy, luego de más de cuatro años de trabajo, no sacamos más de dos bolsas. Eso para nosotros ha sido un logro gigante porque quiere decir que la gente ya se ha concientizado y evita botar basura al río o sacarla en los días que no corresponde”, comenta Hammes.

Gracias al trabajo mancomunado entre la comunidad educativa y diversos colectivos locales, este proyecto se ha convertido en un ejemplo de cómo pequeñas acciones “revitalizan espacios donde antes había delincuencia, desaseo y desorden social, y se crean escenarios propicios para la reconciliación, la convivencia y el desarrollo de actividades culturales que, en su conjunto, hacen posible que se empiece a construir paz”, asegura el profe Hammes.

Pequeñas acciones para construir un mundo más verde

El río Fucha nace en el páramo Cruz Verde. Atraviesa 5 localidades de la capital y desemboca en el río Bogotá. Es uno de los 198 cuerpos de agua –entre quebradas, ríos y canales-, que recorre la capital del país y, tristemente, es uno de los más contaminados.

Todos los sábados, 20 estudiantes de 9º a 11º de bachillerato llegan para realizar su servicio social que, en el colegio José Félix Restrepo, está enfocado hacia el medio ambiente.

“Le apostamos al cambio por el planeta y, en ese sentido, los estudiantes no solo ven en estas actividades semanales una forma de obtener su certificado de servicio social. Son la oportunidad de pertenecer a un grupo donde son aceptados en actividades que benefician a toda la comunidad, modificando no solo su comportamiento sino sus intereses. Se trata de repensarnos para cambiar por un bien común y eso, es un ejercicio de paz”, comenta el maestro.

Prevención de desastres con la Defensa Civil, comunidades y reconocimiento del territorio con el IDRD y Policía Nacional, y la recuperación del río Fucha con el colectivo Casa Nativa y los vecinos de los barrios que colindan con este cuerpo de agua, como lo son el Santa Ana, Juan XXIII y San Blas, son las líneas de servicio social.

Sin embargo, es tan grande el compromiso del colegio José Félix Restrepo con el planeta tierra que no solo los estudiantes de los últimos grados de bachillerato trabajan por la protección del río Fucha, también lo hacen sus 2.200 estudiantes desde preescolar hasta grado 11º.

Los más pequeños visitan el parque Montes, ubicado al lado de río Fucha, para incentivar desde temprana edad el amor por el medio ambiente. Los niños de primaria hasta 6º de bachillerato, visitan la reserva forestal El Delirio en el Páramo Cruz Verde para que vean el lugar desde donde nace el río cristalino. En 7º y 8º los estudiantes realizan caminatas por la ronda para que vean cómo esa agua que nace limpia, se va ensuciando por la contaminación. Finalmente, en 9º, 10º y 11º, empiezan a intervenir en las zonas más contaminadas.

“Es que, si queremos un cambio real, debemos entender que somos la generación que debe actuar. ¿Si uno puede ayudar, por qué no hacerlo?”, comenta Rafael Riaño, un exalumno que gracias a todo este proceso que vivió en su colegio, el José Félix Restrepo, hoy es un ciudadano convencido de que vale la pena trabajar juntos para hacer de este, nuestro hogar, un lugar mejor para todos.

Unidos y reconocidos por el cambio

El mundo ha escuchado a este colectivo de jóvenes, activistas locales y vecinos. Prueba de ello son los diferentes reconocimientos que su proyecto ‘Ecologismo Colectivo Ambiental’ les ha dejado, entre los que se cuentan dos de la campaña ‘BIBO un compromiso para vivir mejor’ de El Espectador, una postulación al concurso Titanes Caracol y últimamente un Premio Latinoamérica Verde organizado por la ciudad de Guayaquil.

“Todos estos reconocimientos nos llenan de orgullo y de más ganas de seguir adelante porque vemos cómo lo que era un lugar lleno de basura, ahora está inundado de buena energía, de huertas con plantas medicinales a las que los vecinos pueden acudir, y de mucho respeto por la naturaleza y esa es la razón de ser de nuestro trabajo”, comenta Lina María Pedraza, fundadora, junto con su esposo Hamid Martínez, de Casa Nativa, el principal aliado del colegio José Félix Restrepo y el ‘segundo hogar’ de quienes terminan su servicio social y deciden seguir vinculados a su compromiso de proteger el medio ambiente.

Una de estas estudiantes es Nicole Forero de 10º, quien ahora es voluntaria todos los fines de semana en Casa Nativa. “Llegué cuanto estaba en 8º y nunca más me fui. Ha sido una experiencia maravillosa, uno aprende mucho sobre cómo era el río antes, cómo se encuentra ahora y cómo puede llegar a ser si la gente lo sigue ensuciando”, comenta esta jovencita de 18 años.

Ella acaba de ganar una de las 50 becas de 1.000 dólares para proyectos ambientales que anualmente entrega la campaña ‘Amigos por El Mundo’ de Disney a jóvenes entre los 5 y 18 años que viven en América Latina. Nicole participó, ganó y ahora se prepara para invertir este dinero en recuperar un tramo más del río Fucha.

Es por este tipo de experiencias que el profesor Hammes trabaja incansablemente. Él, siempre repite que los protagonistas de esta historia son sus estudiantes, no él, y que todas y cada una de las actividades que siempre se está ideando valen la pena si logra hacer entender a sus pupilos que nada es imposible, que todo es factible de convertirse en realidad, y que la educación es el principal instrumento para salir adelante.

“Como docentes, podemos sembrar para que nuestros estudiantes cambien sus entornos inmediatos, es decir, su hogar, su barrio y su localidad para luego salir a hacer cambios mayores”, asegura este docente que le recuerda a sus estudiantes que pueden prestar su servicio militar en actividades de educación ambiental, organización comunitaria para la gestión ambiental y prevención, control y vigilancia sobre el uso de los recursos. “Es que también estamos cambiando soldados de la guerra por guardianes del planeta”, concluye con una sonrisa el profe Hammes.

De los 1.200 kilómetros que tiene el río Fucha, el proyecto ‘Ecologismo Colectivo Ambiental’ ha recuperado 1.3 kilómetros. Eso solo representa el 2% de este cuerpo de agua, pero para este colectivo ese número no es desalentador. Todo lo contrario: para ellos se trata de lo que alguna vez dijo el estadounidense Howard Zinn: “Si la gente pudiera ver que el cambio se produce como resultado de millones de pequeñas acciones que parecen totalmente insignificantes, entonces no dudarían en realizar esos pequeños actos”.

Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.

Por Paula Andrea Fuentes

Fotos Juan Pablo Duarte